El lenguaje del dinero: blockchain, bitcóin y otras criptomonedas

Te damos la bienvenida al mundo de las criptomonedas. En este artículo te explicamos el lenguaje del dinero digital y lo que se oculta detrás de términos como hodl, DAO y Ethereum.
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ESCRITO POR Sarah Waldmann
El lenguaje del dinero: blockchain, bitcóin y otras criptomonedas

Ilustrado por Eliran Harush

A finales de 2017, cuando el bitcóin comenzaba a conquistar el mundo y el curso de la moneda digital parecía aumentar enormemente, solo se escuchaba hablar de las criptomonedas. En un principio, los bitcoines se relacionaban con nerds e informáticos cercanos a la darknet que pasaban su tiempo encerrados en un sótano. En cambio, hoy día la palabra “moneda digital”, el significado literal de bitcóin, se usa en todas partes, ya sea en sospechosos anuncios que animan a convertirse en un millonario de bitcoines, o en formatos televisivos españoles como La casa de papel, donde tuvo una mención. Sin embargo, para muchos, las criptomonedas y términos relacionados como blockchain y minería son todavía un poco… ¡crípticos! Por eso te invitamos a dar un paseo por el mundo de las criptodivisas y el lenguaje del dinero. Te diremos cómo funcionan las monedas digitales y qué significan términos como hodl, DAO y Ethereum.

¿Por qué hay criptomonedas?

Todo comenzó en 2008, cuando un misterioso extraño bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto publicó un documento que describía el sistema de pago Bitcoin y su código de programación. Este sistema permitiría transacciones de pago seguras directamente de usuario a usuario sin una autoridad central. En 2009, aparecía el software que lo acompañaba, libre y de código abierto para todos. Desde entonces, los bitcoines se han comercializado públicamente y se consideran la primera y más conocida criptomoneda, es decir, una moneda basada en los principios de cifrado (criptografía) y, por lo tanto, en un lenguaje de codificación.

La popularidad de bitcóin no solo se debe a su papel pionero, sino también a su comportamiento en las cotizaciones: si en mayo de 2010 dos pizzas costaban 10 000 bitcoines en una tienda digital, en noviembre de 2013 el bitcóin ya estaba cotizando a más de 1000 dólares. Incluso, en diciembre de 2017, subió temporalmente a los 20 000 dólares. En ese mismo año, otras monedas criptográficas como ether, dash y ripple subieron de manera astronómica su valor. Sin embargo, desde principios de 2018, varias criptomonedas registraron caídas masivas de precios, por lo que parece que la fiebre del oro se ha ido aliviando.

¿Qué es blockchain?

Adentrémonos un poco más en el tema: aparte de la impresionante burbuja especulativa que se disparó durante el año pasado, lo especial de las criptomonedas como el bitcóin es la tecnología detrás de ellas, llamada blockchain (literalmente “cadena de bloques”). No son pocos los que la consideran el invento más revolucionario desde internet.

La mejor aproximación es comparar un blockchain con un libro de presupuestos grande, en el que se registran todas las transacciones que se realizan dentro de una red. Sin embargo, este libro de presupuestos no está en un solo ordenador central, sino en todos los ordenadores de los miembros de la red que hayan instalado un determinado software (por ejemplo, un cliente de Bitcoin con su software correspondiente) y están conectados entre sí a través de internet. Al moverse constantemente de un lado a otro, las transacciones se actualizan continuamente en todos los ordenadores. Cada diez minutos, se agrega una nueva página de transacciones al libro de presupuestos, con un nuevo bloque adjunto al blockchain.

Cada uno de los ordenadores conectados a la red está compitiendo para adjuntar el siguiente bloque, debido a que existe una recompensa monetaria. El que lo consigue permite al resto de ordenadores revisar su bloque. Si están de acuerdo con el nuevo bloque y las transacciones anotadas, transferirán los datos a su libro de presupuestos. Este concepto de contabilidad a través de un sistema de consenso también se conoce como tecnología de libro mayor distribuido o contabilidad distribuida. Y funciona automáticamente sin que nadie tenga que vigilarlo. El control descentralizado de acuerdo con los principios criptográficos y la irreversibilidad de las transferencias hacen casi imposible la falsificación y el fraude cuando se paga con criptomonedas. Por lo tanto, a diferencia de los sistemas de pago tradicionales, las transacciones pueden realizarse directamente de usuario a usuario sin una institución de monitoreo.

Por lo tanto, las criptomonedas, como bitcóin, también se denominan monedas de peer to peer o P2P (del inglés, “de igual a igual”). Este sistema ahorra tiempo y costos de transferencia y, además, la identidad de los usuarios está protegida. En resumen, Bitcoin no es solo una moneda digital, sino también un banco descentralizado que no depende de instituciones oficiales.

En busca del tesoro digital: minería

La tecnología está muy bien, pero, ¿cómo se consiguen los bitcoines? Bueno, hay varias opciones, entre ellas, comprar al (¡desorbitado!) precio actual o vender algo y que te paguen en bitcoines. También existe una tercera forma de llegar al oro digital: la minería. Obviamente, no tienes que irte a una mina de verdad con pico y pala en mano, aunque la búsqueda de bitcoines conlleva igualmente un gran consumo energético. En la actualidad, ¡la minería de criptodivisas consume tanta energía por año como Argentina!

Este alto consumo de energía se debe al funcionamiento del blockchain. Recuerda: todos los ordenadores de la red desean añadir la siguiente página de transacciones en el libro de presupuestos. Para determinar qué participante tiene permiso para hacerlo, debe resolverse una tarea computacional criptográfica que, dependiendo del tamaño de la red, se vuelve cada vez más complicada (y, por lo tanto, más intensa en computación). Esto se llama prueba de trabajo y garantiza que la creación de nuevos bloques implique una cierta cantidad de trabajo para evitar la entrada de estafadores. En el momento que un ordenador haya resuelto el problema aritmético, podrá adjuntar el siguiente bloque de transacciones al blockchain. Y esto tendrá una recompensa basada en bitcoines, que fluirán a su monedero Bitcoin.

Sin embargo, los problemas aritméticos se han vuelto tan complejos que solo pueden ser resueltos por superprocesadores creados especialmente para este propósito, o por una fusión comercial de muchos ordenadores (las llamadas granjas Bitcoin). Para los particulares, la minería se ha convertido en algo virtualmente imposible.

Visto lo visto, puede que sea más barato invertir en otra moneda críptica. Además de los bitcoines, existen muchas más divisas digitales como ether (tipo de cambio actual a unos 520 €), ripple (unos 0,70 €), dash (unos 385 €) o litecóin (unos 125 €). Por cierto, los gángsteres de la darknet, o red oscura, sienten más afinidad por monedas como monero (“moneda” en esperanto), no tanto por los altos rendimientos, sino por el mayor anonimato que esta criptomoneda ofrece a sus usuarios.


Tras los pasos de Bitcoin: Ethereum

Ethereum demuestra que la tecnología blockchain puede hacer mucho más que administrar transacciones de criptodivisas. Debido a que Ethereum no solo ofrece la segunda criptomoneda más grande después de bitcóin, sino que es una plataforma que permite la ejecución de contratos inteligentes basados ​​en la tecnología blockchain. Los contratos inteligentes son contratos digitales que se ejecutan solo cuando el vendedor ha recibido su dinero. Esto se hace en forma de ether, la criptomoneda desarrollada por y para Ethereum. Estos contratos inteligentes aseguran que todas las partes involucradas cumplan con las reglas establecidas anteriormente. Esto permite, por ejemplo, alquilar un coche de manera segura sin personal o una transferencia de pagos sin efectivo a través de reconocimiento de iris, algo que ya se utiliza en los campos de refugiados jordanos. O la administración de organizaciones enteras: autónomas, descentralizadas y sin directiva.

Tales organizaciones se llaman DAO, y no tienen nada que ver con una secta esotérica, sino con una Organización Autónoma Descentralizada. Las DAO son prácticamente organizaciones virtuales dentro de Ethereum y funcionan basándose en las reglas de blockchain. Por otro lado, los participantes se mantienen en el anonimato y no tienen por qué reunirse. En principio, cualquier persona puede fundar un DAO.

El primer y más conocido DAO en el blockchain Ethereum, se llama precisamente The DAO, una firma de inversión automática y autónoma creada originalmente con fines de financiación colectiva, crowdfunding. Aquellos que quieran codecidir, solo tienen que comprar acciones de derechos de voto, las denominadas fichas DAO. Su funcionalidad se acerca a una emisión de acciones, excepto por el hecho de que los miembros, al igual que en una democracia directa, tienen voz en el uso del crédito.

Todo esto significa en lenguaje sencillo que la tecnología blockchain permite un tipo de organización completamente nueva basada en principios muy diferentes a los de las instituciones tradicionales: descentralización, inmutabilidad y autonomía. Por el momento, solo se puede especular sobre la forma en la que esta tecnología cambiará nuestra sociedad: ¿conseguirá blockchain que no visitemos urnas electorales en el futuro? ¿Realizaremos pagos en el supermercado a través de escaneo de iris? ¿Serán los bancos, como los conocemos, superfluos en el futuro?

Hodl o no hodl, esa es la cuestión

Una cosa está clara: el lenguaje de las criptomonedas no solo es críptico y, a veces, extremadamente complejo, sino también gracioso. Una muestra de ello son los ingeniosos neologismos que circulan entre los más hábiles con el tema. Así, los inversores de bitcoines deciden hacer un hodl, cuando se trata de mantener los bitcoines en lugar de venderlos. Más absurda que la palabra en sí, es la historia detrás de ella.

En diciembre de 2013, cuando el precio del bitcóin se disparó, un usuario llamado GameKyuubi escribió una entrada en un foro sobre Bitcoin explicando por qué no quería vender sus bitcoines. El título de la publicación fue I AM HODLING (en lugar de I AM HOLDING, de to hold, que significa “retener; por tanto, este usuario quería conservar su dinero a pesar de la caída). El usuario se dio cuenta del error tipográfico y llegó a escribir el título dos veces más en vano; finalmente se dio por vencido porque estaba demasiado borracho, como aclaró en su publicación.

Ni once minutos pasaron cuando surgió el primer meme, aunque ya a los seis minutos había nacido el grito de solidaridad WE OL SHAL HODL (“criptoinglés” para “vamos todos a retener las divisas”). Pasado un poco más de tiempo, el término se hizo viral y se consolidó como un acrónimo, es decir, una palabra cuyas letras individuales se corresponden con la primera letra de otras palabras. Así, “hodl” significa hold on for dear life (aferrarse a algo como si le fuera la vida).

Como has podido comprobar, el lenguaje del dinero puede ser divertido. Pero si prefieres alejarte de los riesgos que conllevan las criptomonedas y los bancos de la darknet, aprende un idioma que te permita conectarte con personas de todo el mundo sin inversión financiera.

Expande tus horizontes financieros y lingüísticos.
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Sarah ha vivido en la Península Ibérica y desde hace un tiempo vive en Berlín, donde estudió español y portugués. Ahora se dedica a investigar más sobre el aprendizaje de idiomas y a escribir como autónoma sobre los temas que más le interesan.
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