Cuál es el origen de la expresión “gato encerrado”

La RAE define esta locución verbal coloquial como “haber causa o razón oculta o secreta, o manejos ocultos”. Pero, ¿tiene esta expresión algo que ver con nuestros amigos felinos? ¡Veamos de dónde proviene este dicho popular!
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ESCRITO POR Paloma Lirola
Cuál es el origen de la expresión “gato encerrado”

Ilustrado por Alberto Reyes

¿Sospechas de algo? ¿Eres testigo de una situación que no te puedes explicar? ¿Desconfías? ¿Te “da en la nariz” que hay algo turbio en todo esto? Seguramente sea porque… ¡aquí haya gato encerrado!

La RAE define esta locución verbal coloquial como “haber causa o razón oculta o secreta, o manejos ocultos”.

Como ves, haces bien mostrando desconfianza (como lo haría un gato). Pero, ¿tiene esta expresión algo que ver con nuestros amigos felinos? ¡Veamos de dónde proviene este dicho popular!

Gato es el nombre que recibía el bolso o talego donde se guardaba el dinero allá por el Siglo de Oro. Se dice que uno de los motivos por los cuales se denominaban así era porque estaban fabricados con la piel de este animal.

Aquel antiguo monedero estaba diseñado con un cordel del que se tiraba y se cerraba cuidadosamente y de tal manera, que era fácil de esconder entre los ropajes o en algún lugar secreto de las casas. Todo con la intención de que el dinero estuviera oculto, guardado y protegido de posibles hurtos.

Por extensión, al dinero que se guardaba en dicho bolso se le denominaba gato.

Estirando el término un poco más aún, gato se usaba asimismo para nombrar a los ladrones, que robaban con astucia y engaños.

Así es que el segundo motivo barajado para el nacimiento de esta expresión proviene de que la consigna usada entre los rateros al localizar una víctima que llevaba dinero (y una vez detectado dónde) era: “hay gato encerrado”. De esa manera se informaba al compañero de fechorías de la existencia y localización de esa bolsa con dinero guardado y/o escondido.

El gato y el dinero, el dinero y el gato

Al avaro, personaje muy presente en la historia de la literatura castellana de la época, se le llamaba “Atagatos”.

En la literatura hay aún más menciones reseñables. En el capítulo segundo de la obra La vida del Buscón (o la Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños), Francisco de Quevedo relataba lo siguiente: “Otro decía que a mi padre le habían llevado a su casa para que la limpiara de ratones (por llamarle gato). Unos me decían zape cuando pasaba, y otros miz”.

El mismo Quevedo en su poema Poderoso caballero es don Dinero decía:

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos,
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos.

Y pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero.

Por último, en el Correo de los Ciegos de Madrid, un destacado periódico español de fines del siglo XVIII, aparecía la expresión tal que así en uno de sus textos publicados:

Sabe V.m. lo que yo digo
que este señor Alemano
debe de ser un bendito,
pues no vio el gato encerrado.

  • V.m.: Vuestra merced

¿Y qué hacen los gatos cuando no están encerrados?

La figura de este animal se utiliza en castellano para más expresiones curiosas. ¡Veamos más ejemplos!

“Llevarse el gato al agua”

Puede que se te haya pasado por la cabeza esa fama que tienen estos felinos domésticos de no dejarse meter en agua fácilmente. Al parecer es algo un poco más complejo.

Esta expresión se utiliza cuando se consigue ser el beneficiario o vencedor en un asunto. La frase lleva implícita un cierta dificultad de la tarea, un objetivo que persiguen varios y que solo uno consigue: El que se lleva el gato al agua.

Para el poeta del siglo XVI Rodrigo Caro, este “proverbio del que vence a otro en una contienda” proviene de un antiguo juego de niños así denominado que consistía en “fijar verticalmente un madero horadado en la parte superior, introducían una soga por el citado agujero, ataban los extremos de esta a los contendientes, los cuales, vueltas las espaldas, tiraban el uno contra el otro, que el de más fuerza hacía subir al otro a lo alto del madero. Otras veces lo hacen por el suelo cerca de un charco, y el que más puede lleva al otro a gatas para echarlo al agua”. Fuente: Bibloteca Miguel de Cervantes

 “Dar gato por liebre”

 Esta locución adverbial coloquial hace referencia al engaño en la calidad de algo por medio de otra cosa inferior pero que se le parece.

Aquí entra en juego el componente gastronómico. Si la clientela de las antiguas hospederías sospechaba de las comidas que se le ofrecía, lanzaba conjuros como este para zafarse de “cambiazos deshonestos” en su plato:

Si eres cabrito,
mantente frito;
si eres gato,
salta al plato.

“De noche, todos los gatos son pardos”

Esta expresión se utiliza para mencionar que no se aprecian fallos o diferencias. Pardo en su connotación de oscuro, se refiere aquí a “la falta de luz” o a la oscuridad de la noche, en la que resulta más fácil disimular las carencias de algo o no se perciben defectos en alguien.

 “¿Quién le pone el cascabel al gato?”

Pobre gato, ¡que ni se deja meter en agua ni poner un cascabel!

Esta expresión alude a la dificultad o imposibilidad de realizar algo por ser peligroso. Delata una falta de voluntarios para llevar a cabo una acción que beneficiaría a todos, por arriesgada.

Esta frase proverbial tiene su origen literario en la fábula de los ratones, donde proponían poner un cascabel al gato para saber cuándo se acercaba y tener así tiempo de huir.

Precisamente, de esa difícil relación entre ambos animales nace la expresión “jugar al gato y al ratón”, cuando dos personas no logran encontrarse o coincidir en algo.

Por último, la notoriedad de un evento, fiesta o cualquier otro acontecimiento se puede medir en gatos.

Si fue todo un éxito: allí estuvo “¡hasta el gato!”

Si fue un fracaso: había “cuatro gatos”.

¡Miau! 🐈

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