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Palabras vintage en español para lectores apasionados con términos y soniquetes de otras épocas

Te proponemos un viaje a nuestro pasado lingüístico con este glosario de 20 palabras del español que te transportarán a otras épocas y que, aun continuando en la RAE, apenas se suelen escuchar ya.
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ESCRITO POR Paloma Lirola
Palabras vintage en español para lectores apasionados con términos y soniquetes de otras épocas

Ilustrado por Hui Skipp

Si este verano has decidido invertir parte de tu tiempo libre en leer algún “clásico”, puede que en algún momento de tu lectura te topes con una locución que te parezca extraña y/o con alguna que otra palabra “nueva” para ti. En esencia, puede que encuentres expresiones de otros tiempos que quizás no habías oído nunca entre las páginas de tu libro y compañero vacacional.

Sucede que algunas de ellas han caído poco a poco en desuso y otras han variado su significado. Desde el Siglo de Oro (que, en realidad, fueron dos) hasta nuestros días, han ido cambiado las formas de expresión tanto oral como escrita. Leer novelas antiguas ayuda a situarnos en diferentes contextos históricos y a descubrir cómo se comunicaban nuestros antepasados.  Por todo ello, te proponemos un viaje a nuestro pasado lingüístico con este glosario de 20 palabras del español que te transportarán a otras épocas y que, aun continuando en la RAE, apenas se suelen escuchar ya.    

Algarabía

Palabra que define a la perfección muchas situaciones de la era moderna, ya sea en el Carnaval de Barranquilla, en uno de los miles de festivales que se organizan en época estival o en el centro de una gran ciudad en hora punta. Se refiere al griterío confuso de varias personas hablando al mismo tiempo.

Amancebarse

El cambio cualitativo en la forma actual de relacionarnos amorosamente ha hecho que el uso de esta palabra haya perdido cierto sentido ya que significa establecer una relación marital (entendiéndose por ello vivir juntos y tener relaciones sexuales) sin mediar vínculo de matrimonio.

Arroba

Sabemos cómo suena pero rara vez la vimos así escrita. La palabra que da nombre al símbolo @ utilizado hoy en día para separar el nombre de usuario del dominio en la dirección de correo electrónico, era usada antaño para mencionar una unidad de medida equivalente a 11 502 kilogramos.   

Azacán (estar hecho un)

Locución que define a una persona muy afanada en tareas o negocios. En el libro infantil de la escritora Elena Fortún “Celia lo que dice” publicado en 1929, se puede encontrar la frase “la tiene todo el día su madrastra hecha una azacana” en referencia a una amiga que la protagonista cree la Cenicienta.

Barahúnda (también baraúnda)

Confusión grande, con estrépito y notable desorden. O lo que es lo mismo, el final de un primer día de rebajas en un centro comercial.

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Candil

Lamparilla manual de aceite, usada antiguamente, con forma de taza cubierta y que tenía en su borde superior la mecha por un lado y por otro el asa. Se utilizaban para iluminar los hogares y lugares de trabajo cuando aún no existía la luz eléctrica y empezaba a oscurecer. Como resumía bien el dicho: “Azadón de noche y candil de día, tontería”.  

Denuesto

Vocablo también en desuso que hace referencia a la tacha, reparo u objeción.

Enjuto

Puede que muchos se familiarizaran con este término a raíz de la aparición del personaje “Enjuto Mojamuto” del cómico español Joaquín Reyes. Si bien esta palabra se sigue utilizando para referirse a una persona muy delgada, sí que ha caído en desuso la acepción que describe a alguien parco tanto en obras como en palabras.

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Faltriquera

Bolsa de tela para guardar dinero que se ataba a la cintura y se llevaba bajo la vestimenta, por lo general en el medio rural. ¡El antepasado de la riñonera!

Malandrín

Usado como nombre y también como adjetivo, con esta palabra se denomina a una persona maligna, perversa. El uso de la palabra quedó registrado por primera vez en “El Quijote” (1605). Derivada de esta encontramos la palabra “malandra” que en Argentina, Chile y Uruguay hace referencia a una persona de costumbres reprobables o delictivas.

Melifluo

Usado en sentido peyorativo, se refiere a alguien que en el trato o en su forma de hablar es delicado y tierno.

Menester

Usado más habitualmente en plural para referirse al oficio u ocupación. En singular significa falta o necesidad de algo (“haber menester de algo”).  

Plañir

Gemir y llorar, sollozando o clamando, como hicieran antaño las plañideras o “las lloronas”, mujeres a las que se les pagaba por ir a llorar a un difunto en su entierro.   

Priesa

Palabra poco usada ya para referirse a la “prisa”.

Tabardillo

Coloquialmente se usa para hacer referencia al malestar por exposición excesiva al sol. La expresión “le dio un tabardillo” se puede usar como sinónimo de dar un “jamacuco, telele, soponcio, yuyu”… en definitiva, una indisposición pasajera. Antiguamente se denominaba así la enfermedad hoy conocida como “tifus exantemático”.

Tañer

Las acepciones en desuso de este bonito verbo son las referidas a tocar, a tratar superficialmente alguna materia y a corresponder. Se sigue usando para tamborilear y, en general, tocar un instrumento de percusión.  

Tartana

A mi coche de cuatro marchas siempre le llamé cariñosamente así porque parecía que iba a desarmarse cuando alcanzaba los 80 km/h. Originalmente significa carruaje de dos ruedas con cubierta abovedada y asientos laterales, generalmente tirado por mula o caballo. Hasta hace medio siglo, los asientos se agujereaban para colocar los cántaros de leche que eran vendidas a domicilio.

Yantar

Verbo en desuso que significa comer. Esta palabra sí continúa usándose habitualmente en Ecuador, así como en el lenguaje poético. En cualquier caso, a un paladar sibarita siempre le gustará un buen yantar.

Zagal

El zagal era el mozo que ayudaba al mayoral con los carruajes. Algunas personas mayores, continúan usando el término para referirse a los chicos y chicas que recién han llegado a la adolescencia.

Si nos diera por utilizar alguna o todas estas palabras no estaríamos incurriendo en ningún error gramatical. Puede que sonemos algo vetustos, pero también elocuentes. Como siempre, todo es cuestión de gustos. En cualquier caso “los límites de tu lenguaje son los límites de tu mundo”, como dijo el filósofo Ludwig Wittgenstein. Así que tú decides qué tan vasto quieres que este sea. O como dice la vieja expresión “ancha es Castilla”.  

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