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5 consejos muy útiles y específicos para aprender italiano

¿Es difícil aprender bien italiano? Tal vez solo necesites algunos trucos que te ayuden a lograrlo. Aquí tienes cinco consejos muy específicos de parte de una lingüista y nativa.
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ESCRITO POR Sara Grippo
5 consejos muy útiles y específicos para aprender italiano

Tal vez te estés preguntando si aprender italiano es como dar un paseo por el parque o más bien todo un desafío olímpico. El italiano, en sí, no es ni fácil ni difícil de aprender. Para muchos hispanohablantes, el aprendizaje del italiano es infinitamente más sencillo que el del inglés o el alemán. No en vano ambos idiomas pertenecen a la familia de las lenguas románicas, así que tienen numerosas similitudes tanto respecto al vocabulario como respecto a la estructura gramatical. Sin embargo, no todo es tan fácil como mucha gente cree. Algunos aspectos lingüísticos resultan complicados precisamente porque son parecidos, pero no exactamente iguales. Por ejemplo, nuestra preposición “de” tiene dos formas distintas en italiano y, así, no es lo mismo una tazza di caffè que una tazza da caffè, aunque pueda parecerlo. Por no hablar de los numerosos falsos amigos que pueden llevar a equívocos divertidos o a decir “tierra trágame”, según el caso. Sea como sea, no dejes de centrarte en lo que te resulte más fácil y en tus motivaciones para aprenderlo.

Ahí van cinco consejos específicos que te harán la vida más fácil al estudiar italiano.

1. Busca similitudes (y da gracias a la conquista romana de la península Ibérica)

Como ya hemos apuntado, el italiano y el español, al igual que el francés, el portugués o el rumano, pertenecen a la gran familia de las lenguas romances, que son las que derivan del latín. El invasor procedente de Roma se pasó nada menos que siete siglos en la Hispania Romana y dejó en legado, además de las leyes del Derecho Romano, su ingeniería y arquitectura, el calendario y su idioma, el latín, que ha llegado hasta nuestros días camuflado en muchas de nuestras palabras y estructuras gramaticales y sintácticas.

De hecho, una grandísima parte del idioma español es de origen latino. Se calcula que la genética de nuestro léxico es latina en un 70 %, mientras que la del italiano supera el 75 %. Eso nos deja en un muy buen punto de partida a la hora de iniciar el aprendizaje de este primo lingüístico. No hace falta echarle mucha imaginación para adivinar el significado de palabras italianas como castello, architettura, caramello, autore y muchísimas más. Memorizar estas palabras requiere un esfuerzo relativamente pequeño y muy productivo.

Aunque, por supuesto, no siempre te puedes fiar. Como hemos apuntado más arriba, hay que tener mucho cuidado con las palabras heterosemánticas, más conocidas como “falsos amigos”: ten cuidado con lo que haces con expresiones como accostarsi, burro, camino, gamba, guardare o essere imbarazzata, porque te pueden traer miradas de sorpresa o de alarma. Por cierto: ¿sabías que la palabra “alarma” procede del italiano? Así es: concretamente del grito de guerra all’arme, es decir, “al arma”.

2. Encuéntrales la gracia a los verbos irregulares

Esto es algo que nadie que esté aprendiendo un idioma quiere oír: la inmensa mayoría de los verbos italianos de uso más habitual son irregulares. Los verbos auxiliares essere (ser) y avere (tener), los modales potere (poder), volere (querer) y dovere (deber), así como los muy comunes andare (ir), dire (decir) y fare (hacer) son irregulares.

Entonces, ¿mejor me olvido de aprender italiano? ¡Por supuesto que no! Solo tienes que aprender estas conjugaciones del mismo modo en que aprenderías cualquier otra palabra nueva: con un poco de práctica diaria. Ya 15 o 20 minutos al día pueden ser suficientes y, desde luego, cuanto más, mejor. Encuentra un ritmo que puedas aplicar a la conjugación, repítela en voz alta como si de un mantra se tratase y no aflojes. También hay buenas noticias para quienes decidan aceptar este reto meditativo: los pronombres personales (yo, tú, ella, él, nosotros…) apenas se usan en italiano. Una vez hayas aprendido estos verbos de uso más común, podrás manejarte en muchas situaciones desde el principio.

3. Descubre los secretos de la pronunciación correcta

Este truco es un secreto a voces: el italiano se habla (casi) como se escribe. Si los usuarios de español ya disfrutamos de esta ventaja (en comparación con idiomas como el inglés o el polaco), para pronunciar el italiano solo tendremos que concentrarnos en que nuestras frases suenen tan “cantadas” como las de un nativo. Bueno, y en practicar un par de sonidos que no existen en español o se han perdido.

En italiano, en efecto, cada letra tiene una pronunciación concreta, lo que no deja lugar a ambigüedades fonéticas. La letra A siempre se pronuncia “a”, la M siempre suena “m”. Solo tendrás que aprender específicamente algunas combinaciones de letras que se pronuncian de un modo u otro según su contexto vocálico, pero eso ya lo conoces porque en tu propio idioma no es distinto. Por ejemplo, la C tiene dos pronunciaciones distintas según qué vocal la siga: como en español, suena como “k” si va seguida de A, O o U, como capra (cabra), coniglio (conejo) y cuoco (cocinero), pero, en cambio, se pronuncia de forma parecida a nuestra “ch”, aunque algo más suave, en combinación con una E o una I: cena (cena) o cima (cima). Y el grupo GN seguido de vocal equivale a nuestra ñ: pugno (puño).

La R tiene un sonido parecido al que tiene en español, pero no solo. Hay muchas formas de pronunciar la R italiana (¡más de diez!), así que no te ofendas si tus amigos italianos te corrigen al principio. ¿Crees que por ser hispanohablante todo va a ser coser y cantar? Entonces intenta decir este trabalenguas: trentatré trentini entrarono a Trento tutti e trentatré trotterellando (33 habitantes de Trento entraron en Trento trotando los 33). ¿Qué tal te ha salido?

4. Prepárate para ciertos aspectos gramaticales distintos

A pesar de que (¡gracias a Júpiter!) muchas partes de la gramática italiana coinciden con la española, no es oro todo lo que reluce. Empecemos por un regalito: el género de las palabras. Muchos de los nombres en italiano terminan con -a u -o, lo que significa que son femeninos o masculinos respectivamente (excepto algunos casos). Hasta ahora bien. Pero pasemos a lo divertido: los sustantivos que terminan en -e pueden ser tanto femeninos como masculinos. Por suerte, hay algunos trucos: por ejemplo, la terminación “-zione” siempre indica género femenino. ¡Y naturalmente, el género de los adjetivos reproduce exactamente las mismas formas que las palabras a las que acompañan! Fácil, ¿verdad?

Veamos ahora los artículos. Si bien los artículos determinados e indeterminados (gracias a Venus) siguen la misma distribución por géneros y número que en español, luego entran en juego ciertas variaciones de forma según la palabra a la que acompañen. Así que no te asustes cuando te encuentres “gli”, “le” o “delle”. Todo tiene su explicación y, así, todo toma sentido y es más fácil de memorizar o deducir.

5. No olvides tu motivación

Es importante recordar por qué emprendiste la aventura de aprender italiano. Evidentemente, este es un consejo muy general, válido para estudiar italiano o cualquier otro idioma. Ya sueñes con pastorear ovejas montaña arriba en los Alpes italianos, con convertirte en el próximo embajador de Italia o simplemente con asistir a un curso de cocina en Nápoles, concéntrate en tu objetivo. Sumérgete en el vocabulario; eso te permitirá comprender los temas sobre los que quieres ser capaz de debatir. Lánzate a hablar desde el principio, a ser posible con un nativo italiano. Lee, mira películas y programas de televisión y jamás pierdas de vista tu objetivo.

¡No esperes más para aprender italiano!

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